Que hombre tan bello , me dije a mi misma cuando te vi sentado leyendo,
tu como siempre despreocupado, mas interesado en tu mundo que en el mundo,
pero tenia que despertarte de tu seguramente muy interesante libro
que sexy tu cabello despeinado, te dije y por un momento creí que el comentario
era lo menos indicado del mundo, pero el rubor de tu cara me dijo que no me
equivoque tanto como pensé, te pregunte de que se trataba tu nuevo amor,
ya que no hay nada en el mundo que te apasione mas que un buen libro,
o una chica que este buena y lea buenos libros, pero en este caso,
era la primera.
Dijiste que hablaba de todo: de cigarros y noches, de ideas y personas,
de gente insolente, cariñosa, estúpida y distraída, de canciones de Sabina
y de versos de Neruda, que parecía nuestra historia y la del vecino,
que era un mal libro, y sin embargo quería releerlo 100 veces.
Te miraste los zapatos, dijiste que estaban tan desgastados como las ideas del mundo,
que solo los poetas deberían seguir viviendo, los escritores y los filósofos, también,
que si todos viviéramos aunque sea un poco del melodrama que ellos sienten,
aunque anduviéramos todo el tiempo medio angustiados por tonterías,
seriamos un poco mas humanos, mas reales y menos desgastados.
Luego perseguimos palomas, y caminamos por todas partes,
aveces callados, aveces cantando, pero nunca hablando de nosotros,
nosotros existíamos por que eramos así: extraños e indirectos,
sin objetivos claros, sin ataduras, solo nos veíamos para hablar de todo.
Se que algo anda mal cuando quieres hablar de ti y de mi,
como queriendo aclarar las cosas, como queriendo asegurarte que sigo contigo,
pero yo siempre estoy contigo, somos como nuestros libros favoritos
estamos ahí para cuando queremos re leernos, y eso pasa casi todo el tiempo.
Así que ya estando seguro de que no me iría, me dijiste: te quiero,
te conteste lo mismo, y me quede esperando mas palabras o algún beso,
y entonces tu comenzaste hablar de sueños y juegos, de noches y de cosas,
de todo menos del nosotros que no existía como tal, me dejaste en la puerta de mi casa
y te despediste de mi como se despide uno, de algún conocido cualquiera.
No era la primera vez, ni seria la ultima, pero hoy tenia una nota en el bolsillo:
"Te extraño cuando te vas".
tu como siempre despreocupado, mas interesado en tu mundo que en el mundo,
pero tenia que despertarte de tu seguramente muy interesante libro
que sexy tu cabello despeinado, te dije y por un momento creí que el comentario
era lo menos indicado del mundo, pero el rubor de tu cara me dijo que no me
equivoque tanto como pensé, te pregunte de que se trataba tu nuevo amor,
ya que no hay nada en el mundo que te apasione mas que un buen libro,
o una chica que este buena y lea buenos libros, pero en este caso,
era la primera.
Dijiste que hablaba de todo: de cigarros y noches, de ideas y personas,
de gente insolente, cariñosa, estúpida y distraída, de canciones de Sabina
y de versos de Neruda, que parecía nuestra historia y la del vecino,
que era un mal libro, y sin embargo quería releerlo 100 veces.
Te miraste los zapatos, dijiste que estaban tan desgastados como las ideas del mundo,
que solo los poetas deberían seguir viviendo, los escritores y los filósofos, también,
que si todos viviéramos aunque sea un poco del melodrama que ellos sienten,
aunque anduviéramos todo el tiempo medio angustiados por tonterías,
seriamos un poco mas humanos, mas reales y menos desgastados.
Luego perseguimos palomas, y caminamos por todas partes,
aveces callados, aveces cantando, pero nunca hablando de nosotros,
nosotros existíamos por que eramos así: extraños e indirectos,
sin objetivos claros, sin ataduras, solo nos veíamos para hablar de todo.
Se que algo anda mal cuando quieres hablar de ti y de mi,
como queriendo aclarar las cosas, como queriendo asegurarte que sigo contigo,
pero yo siempre estoy contigo, somos como nuestros libros favoritos
estamos ahí para cuando queremos re leernos, y eso pasa casi todo el tiempo.
Así que ya estando seguro de que no me iría, me dijiste: te quiero,
te conteste lo mismo, y me quede esperando mas palabras o algún beso,
y entonces tu comenzaste hablar de sueños y juegos, de noches y de cosas,
de todo menos del nosotros que no existía como tal, me dejaste en la puerta de mi casa
y te despediste de mi como se despide uno, de algún conocido cualquiera.
No era la primera vez, ni seria la ultima, pero hoy tenia una nota en el bolsillo:
"Te extraño cuando te vas".